La guerra del Libano y el fósforo Blanco (Parte 1)

Actualidad, Internacional  por Jose Luis Pereyra Comentar   
Publicado 18 de enero de 2009

El día 12 de julio de 2006 la organización Hezbolá, a través de su televisión Al-Manar, comunicó que había capturado a dos soldados israelíes (Ehud Goldwasser y Eldad Regev), acto justificado en la promesa que hiciera para liberar a los prisioneros árabes de las cárceles israelíes.

Hezbolá manifestó  que la captura se hizo en el sur del Líbano, en un enfrentamiento que se habría producido contra fuerzas israelíes que habrían penetrado en la ciudad fronteriza de Aitaa al-Chabb, cerca de las granjas de Shebaa. En la misma acción habrían bombardeado varios poblados y asentamientos agrícolas israelíes, hiriendo a cinco civiles, y atacado una patrulla israelí, resultando muertos ocho soldados israelíes, mientras que otros dos fueron capturados.  Israel afirmó que el ataque se produjo en su territorio y que fue invadida y atacada por Hezbolá. El Primer Ministro israelí, Ehud Olmert, responsabilizó al Gobierno del Líbano de la acción de Hezbolá, y aclaró que “los sucesos de esta mañana no se definen como un ataque terrorista, sino como el acto de un Estado soberano que atacó a Israel sin razón y sin provocación”.

El ejército israelí, en respuesta a las acciones de Hezbolá, inició la Operación Recompensa Justa, su primera ofensiva militar aérea y marítima sobre territorio libanés desde la retirada total israelí en el año 2000, de acuerdo con los límites reconocidos por las Naciones Unidas. Esta operación conllevó el bombardeo de instalaciones de transportes, comunicaciones, energéticas y militares, así como cuarteles de Hezbolá y zonas urbanas, provocando en 24 horas decenas de víctimas civiles, cuantiosos daños materiales y un bloqueo israelí de todo el Líbano por mar y aire.

El 1 de febrero de 2007, en el marco de la Comisión Winograd, Ehud Olmert declaró que la captura de ambos soldados activó los planes de contigencia aprobados cuatro meses antes para lanzar una intervención a gran escala en el Líbano. Asimismo, añadió ante la comisión que su gabinete empezó a estudiar las consecuencias de la inestabilidad en la frontera libanesa el 8 de enero de 2006, cuatro días después de sustituir a Ariel Sharón, quien había sufrido un derrame cerebral. Tras estudiar de nuevo el asunto con altos mandos militares durante marzo, abril y mayo, Olmert aceptó la postura del entonces Ramatcal, Dan Halutz, que señalaba que Israel perdería su capacidad de disuasión si no respondía a una eventual captura de soldados. La valoración se fundaba en un hecho similar acaecido en octubre de 2000, en el que Hezbolá capturó a tres militares israelíes, y en varios intentos posteriores por parte de esta guerrilla, el último en noviembre de 2005. En su defensa, Olmert argumentó que basó su decisión en lo que Dan Halutz le había confirmado, esto es, que disponía de un ejército de calidad, fuerte y listo para llevar a cabo cualquier misión, expresando que “(…) no podía saber que ése no era el caso”, aunque añadió que “(…) actuamos de manera apropiada y responsable”. No obstante, un sector de la población israelí interpretó la respuesta militar de Olmert como una reacción impulsiva y no premeditada, propia de un líder carente de experiencia militar. Por su parte, Meir Dagan, jefe del Mossad, expresó que el 12 de julio de 2006 había solicitado al ejército que retrasara su respuesta militar.

La intensidad de la respuesta israelí despertó reacciones encontradas en la comunidad internacional; mientras que algunos estados consideraron que las acciones eran duras pero normales dentro de un contexto bélico de legítima defensa, la ONU repudió lo que consideró un peligroso exceso de fuerza por parte de Israel. Ante el despliegue militar israelí, Hezbolá declaró la guerra abierta a Israel, lo que en un principio causó el rechazo público de Fuad Siniora, el primer ministro libanés.

La crisis aparece en un contexto diferente del habitual en el conflicto árabe-israelí, debido a la retirada unilateral de Gaza por parte de Israel en septiembre de 2005, y a la victoria de Hamás en las elecciones legislativas (enero de 2006). Las semanas previas a la crisis israelo-libanesa habían estado marcadas por el significativo aumento de los cohetes Qassam, lanzados desde Gaza por grupos palestinos sobre objetivos civiles israelíes, y las consiguientes respuestas israelíes, causantes de numerosas bajas entre los palestinos, además de la presión sobre la Autoridad Nacional Palestina.

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