La guerra del Libano y el Fósforo Blanco (Parte 3)

Actualidad, Internacional  por Jose Luis Pereyra Comentar   
Publicado 18 de enero de 2009

Centro del conflicto:El Comandante en Jefe del Ejército de Israel, de ese momento, el Teniente General Dan Halutz, anunció previamente que si Hezbolá no liberaba a los soldados israelíes, harían “retroceder 20 años el reloj de Líbano”.

La respuesta de Hezbolá ha sido un ataque masivo y sin precedentes de cohetes «Katiusha» a todo el norte de Israel, incluyendo poblaciones que por largos años no habían sido blanco de bombardeos desde el Líbano, como Safed y Carmiel, y el ataque a un buque de guerra apostado en aguas territoriales libanesas, realizado con un misil antibuque moderno de fabricación iraní, que se saldó con cuatro marineros israelíes muertos.

El 26 de julio 4 observadores de la ONU murieron tras ataque israelí.

En la última etapa de la crisis, ambas partes escalaron sus posiciones: Israel se dedicó principalmente a atacar con dureza a Hezbolá en todo el país, destruyendo arsenales y depósitos de armamento, instalaciones, oficinas, medios de comunicación y otras infraestructuras de la organización, incluyendo sus cuarteles generales del sur de Beirut. Al mismo tiempo destruyo numerosas infraestructuras civiles y barrios de mayoría musulmana, especialmente chií, como los barrios del sur de Beirut, sobre los que Israel había sido acusado de hacer un simulacro de ataque en enero. Ello causó cientos de muertos y la huida masiva de miles de personas. El Ejército israelí declaró lamentar la pérdida de vidas humanas, atribuyendo la responsabilidad de las mismas al grupo armado:

La responsabilidad de poner en peligro a la población es de la organización terrorista Hezbolá, que dirige y lanza misiles desde zonas pobladas por civilesLos ataques israelíes llegaron al norte del Líbano, hasta Trípoli, donde parte de la población del sur se había refugiado en su huida del teatro de operaciones.

En la tercera semana de los  enfrentamientos, Israel sumó al ataque aéreo el ingreso de tropas terrestres al sur del Líbano, que avanzaron hasta seis kilómetros. El objetivo, según Israel, era derribar la líneas de puestos de vigilancia de Hezbolá a lo largo de la frontera, destruir la infraestructura de Hezbolá en el sur del país y desplazar al grupo armado hacia el norte.

El Presidente del Líbano denunció el uso por parte de Israel de bombas de fósforo blanco, en bombardeos sobre zonas civiles. El Colegio de Médicos de Líbano decidió solicitar, una vez comprobada la existencia de ciertas “heridas anormales” entre víctimas civiles, varios análisis en el extranjero dada la imposibilidad de aquél momento de que sean llevados a cabo en el país .Posteiores análisis confirmaría el uso del Fósforo blanco contra civiles. Así mismo, el gobierno israelí ha reconocido haber utilizado el polémico armamento con fósforo en los ataques contra sus objetivos durante el mes de guerra en el Líbano. El agente químico puede utilizarse en proyectiles, misiles y granadas, y provoca espantosas quemaduras al entrar en contacto con la carne humana.

Por otro lado, organizaciones de derechos humanos (como Human Rights Watch) denunciaron la utilización de bombas de racimo por parte del Ejército de Israel en sus ataques sobre el Líbano. “Las bombas de racimo son armas inaceptablemente imprecisas y poco confiables cuando se usan cerca de civiles”, dijo Kenneth Roth, director ejecutivo de HRW, en un comunicado. Esta organización denunció que las bombas de racimo son particularmente peligrosas50 porque se dividen en partes que pueden no explotar en el momento inmediato del ataque, quedando semienterradas dichas submuniciones, susceptibles de explotar por su manejo accidental por parte de civiles.Según indicó Tekimiti Gilbert, jefe de operaciones en el Líbano del Centro de Coordinación y Acción de Minas de la ONU, Israel lanzó bombas de racimo en al menos 170 pueblos y otros puntos del sur del Líbano durante los 34 días del conflicto. Como el propio Gilbert sostuvo, Israel había impactado deliberadamente zonas urbanas con bombas de racimo, lo que podría violar la Convención de Ginebra que determina que tales municiones no deben ser utilizadas en áreas donde residen civiles por causar daños innecesarios y así sostiene en un informe el Gobierno Libanés. El subsecretario general para Asuntos Humanitarios de la ONU, Jan Egeland, acusó a Israel del uso “totalmente inmoral” de bombas de racimo en el Líbano. Aseguró que los expertos de la ONU han encontrado hasta 100.000 de estos artefactos sin explotar en 359 localidades afirmando que “lo que es chocante y para mí completamente inmoral es que el 90% del lanzamiento de estas bombas ocurrió en las últimas 72 horas del conflicto, cuando se sabía que había una resolución para poner fin a la guerra. Las bombas de racimo han afectado a grandes áreas, incluidas viviendas privadas, tierras de cultivos, negocios comerciales y tiendas. Estarán con nosotros por muchos meses, posiblemente años. Cada día, hay gente herida o que muere por estas armas. Los civiles morirán de forma desproporcionada otra vez, incluso después de acabada la guerra”.Por su parte UNICEF ha realizado sobre el terreno una evaluación del impacto sobre la población infantil libanesa de este tipo de armamento;no obstante, Israel niega haber utilizado estas armas de forma ilegal y defendió su utilización al señalar que “es legal según el derecho internacional” y que su ejército las utiliza “de acuerdo con las normas internacionales”. En la discusión sobre el efecto de las bombas de racimo, el obispo Silvano Maria Tomasi, observador permanente ante la Oficina de las Naciones Unidas de Ginebra, ha pedido en nombre del Vaticano, la moratoria en su uso. «Las víctimas de conflictos pasados y las víctimas potenciales de conflictos futuros no pueden esperar años de negociaciones y de discusiones»

Hay que recordar que, del otro lado, Hezbolá –que no necesita atenerse a la legalidad internacional al ser una organización irregular– ha lanzado ya varios miles de misiles de forma indiscriminada sobre ciudades israelíes del norte, cargados de bola de acero y con cabezas explosivas de hasta cien kilos capaces de derribar edificios enteros.

Hezbolá es también acusada de haber instalado sus arsenales y sus lanzaderas de misiles en zonas densamente pobladas, ir vestidos con ropas de civil y mezclarse entre la población, lo que maximiza el riesgo de bajas civiles entre los libaneses (lo cual es aprovechado por Hezbolá como propaganda). En ese sentido, el sub-secretario de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios, Jan Egeland, ha dicho que “Hezbolá debe de dejar de mezclarse cobardemente entre mujeres y niños”.

El 30 de julio, un edificio de apartamentos en la ciudad libanesa de Caná se desplomó tras un bombardeo israelí.Numerosos medios hablaron de 54 personas muertas, 27 de ellos niños, y provocó una gran conmoción internacional (véase: Bombardeo de Caná de 2006). Una vez que un informe de Human Rights Watch cuestionó las cifras de fallecidos, el hospital libanés de Tiro ha reconocido que el número de muertos en Caná son en realidad la mitad, es decir, 28, entre ellos 16 niños.La cifra definitiva de muertos es de 27 personas, entre ellas 17 menores de 18 años. La cifra de muertos es una de las inconsistencias que se estaban señalando desde fuentes hebreas . El Primer Ministro Israelí, Ehud Ólmert, lamentó las muertes de inocentes, alegando que los habitantes de la localidad habían sido advertidos con octavillas de que debían abandonar Caná ante la inminencia de los bombardeos.

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